Desde cuándo
La Congregación Salesiana en el mundo
Pequeña historia de los comienzos
Los orígenes: la experiencia del Oratorio (1841-1846)
El 8 de diciembre de 1841 es la fecha simbólica en la que comienza la historia salesiana. Ese día, en Turín, San Juan Bosco encuentra al joven Bartolomé Garelli en la sacristía de la iglesia de San Francisco de Asís. De aquel sencillo diálogo nace el Oratorio, una iniciativa que al principio consiste en encuentros dominicales de catecismo y amistad.
El contexto histórico es determinante: Turín, capital del Reino de Cerdeña, vive una profunda transformación económica y social. La naciente industrialización atrae a miles de jóvenes del campo, a menudo sin familia, sin trabajo estable y sin instrucción. Don Bosco intuye que no basta una asistencia ocasional: es necesario crear un ambiente estable que una educación, formación religiosa y acompañamiento humano.
El 12 de abril de 1846, día de Pascua, el Oratorio encuentra una sede definitiva en Valdocco. Aquí se desarrolla un modelo educativo original: casa que acoge, escuela que prepara para la vida, parroquia que evangeliza, patio para encontrarse como amigos. Es en este laboratorio pastoral donde toma forma el llamado “Sistema Preventivo”, fundado en la razón, la religión y la amabilidad. Antes incluso de la fundación canónica, existe ya una experiencia concreta y estructurada.
Hacia una forma estable: la decisión de 1859
Con el paso de los años la obra crece. En torno a Don Bosco se reúnen jóvenes colaboradores que comparten la misma pasión educativa. Se comprende que, para garantizar la continuidad del Oratorio y de las nuevas iniciativas (escuelas, talleres, internados), es necesaria una estructura jurídica estable.
El 18 de diciembre de 1859 Don Bosco reúne a 17 miembros y funda oficialmente la Sociedad de San Francisco de Sales. No se trata solo de un acto formal, sino de una opción estratégica: la obra no debe depender de la vida del fundador, sino arraigarse en un instituto religioso con reglas compartidas.
La referencia a San Francisco de Sales expresa una inspiración espiritual precisa: dulzura pastoral, confianza en la educabilidad de los jóvenes, optimismo cristiano. La nueva Congregación nace con una finalidad clara: “la salvación de las almas”, sobre todo de los jóvenes pobres y abandonados, mediante la educación integral.
El reconocimiento de la Iglesia (1864-1874)
La joven Congregación afronta un camino complejo para obtener el reconocimiento oficial. El clima político de la época está marcado por las tensiones entre el Estado y la Iglesia en el contexto de la unificación italiana. Fundar un nuevo instituto religioso no es sencillo.
El 23 de julio de 1864 la Sociedad recibe un primer reconocimiento de Roma, el “Decretum Laudis” (decreto de alabanza). Posteriormente, el 19 de febrero de 1869, obtiene el decreto de aprobación de la Santa Sede bajo el pontificado del Papa Pío IX. Es un paso decisivo: la Congregación es reconocida como instituto religioso de derecho pontificio.
El 3 de abril de 1874 se aprueban definitivamente las Constituciones. Este acto establece de modo orgánico la finalidad, los votos religiosos, el gobierno interno y la misión educativa. Desde ese momento la Congregación posee una plena legitimación eclesial y una estructura normativa que garantiza su estabilidad y desarrollo.
La apertura misionera (1875)
Solo un año después de la aprobación de las Constituciones, la Congregación da un paso que definirá su rostro internacional. En 1875 parte la primera expedición misionera hacia Argentina. Don Bosco envía un grupo de Salesianos guiados por don Juan Cagliero, con el mandato de asistir a los emigrantes italianos y de evangelizar a las poblaciones locales.
Esta opción revela dos elementos fundamentales: el horizonte universal del carisma y la capacidad organizativa ya alcanzada. En pocas décadas los Salesianos se difunden por América Latina, Francia, España y progresivamente por otros continentes. La formación profesional, las escuelas agrícolas, las parroquias y los oratorios se convierten en instrumentos privilegiados de presencia pastoral.
La expansión misionera no es un añadido marginal, sino parte integrante del proyecto original: ir allí donde los jóvenes más lo necesitan.
La consolidación después de 1888
A la muerte de Don Bosco, el 31 de enero de 1888, la Congregación cuenta con centenares de miembros y numerosas casas en Europa y en América. La transición en la dirección representa una prueba decisiva para verificar la solidez del instituto.
El primer sucesor, Miguel Rua, guía la Congregación con fidelidad al carisma y una fuerte capacidad organizativa. Durante su rectorado las casas salesianas se multiplican y la presencia se extiende aún más. El instituto demuestra ser capaz de continuar la misión después de la muerte del fundador y de poseer estructuras y una espiritualidad capaces de perdurar en el tiempo.
La constitución de la Congregación Salesiana no es el resultado de un acto aislado, sino de un proceso gradual: de la experiencia concreta del Oratorio a la fundación de 1859; del reconocimiento pontificio a la expansión misionera; de la guía del fundador a la consolidación institucional.
En el centro de este camino permanece una convicción sencilla y radical: la educación es camino privilegiado de evangelización y de promoción humana. La historia de los orígenes salesianos muestra cómo una intuición pastoral, arraigada en la realidad social de su tiempo, puede transformarse en una institución eclesial capaz de incidir a nivel mundial.










